Cuaderno · Diosas y mitologías

Juno de Banasa: la memoria en el mármol

Cabeza de Juno de Banasa, mármol blanco de época romana
Cabeza de Juno de Banasa · Mármol blanco, época romana · Museo de Historia y de las Civilizaciones, Rabat

Una cabeza emerge de la oscuridad y su mirada permanece a pesar de la erosión del mármol. ¿Qué contemplaría cuando formaba parte de una escultura completa? ¿Qué palabras pronunciaron quienes se acercaron a ella? No podemos saberlo. Pero podemos, al menos, reconstruir una parte de su historia.

Esta cabeza femenina de mármol blanco procede de Banasa, antigua ciudad de la Mauritania Tingitana situada en el actual Marruecos. Fue descubierta a comienzos del siglo XX y se conserva en el Museo de Historia y de las Civilizaciones de Rabat. La pieza pertenece a época romana y se conoce habitualmente como la cabeza de Juno de Banasa.

Juno ocupaba un lugar central en la religión romana. Formaba parte de la tríada capitolina junto a Júpiter y Minerva, y estaba relacionada con el matrimonio, la protección de las mujeres, la fecundidad y la continuidad de la comunidad. Sus funciones, sin embargo, no admiten una única definición. Como sucede con tantas divinidades antiguas, su figura reunió atributos diversos y se transformó según los lugares, los periodos y las prácticas religiosas. Contemplar a Juno únicamente como esposa de Júpiter empobrece esa complejidad. Su posición dentro del orden romano expresa también soberanía, protección y autoridad. La diosa permite estudiar cómo una sociedad imaginó el poder femenino y qué límites impuso a ese poder.

La presencia de esta escultura en Banasa nos recuerda que los mitos y las divinidades trascienden los territorios. Viajan con las personas y los imperios: en pequeños altares transportables, en historias y oraciones. Sus nombres atraviesan fronteras y se susurran en nuevos templos. Sus imágenes se adaptan a otros gustos y espacios, mientras sus significados se multiplican y conviven con tradiciones anteriores.

Los mitos pueden leerse como archivos culturales: lugares donde una comunidad conserva, organiza y transforma su manera de ver y estar en el mundo. La cabeza de Juno pertenece a la historia material de la presencia romana en el norte de África, pero también a la historia de las imágenes que relacionan lo femenino con lo divino.

Desde el tiempo en que la contemplamos podemos formular varias preguntas: ¿qué formas de autoridad encarnaba Juno? ¿Quién podía acercarse a su imagen? ¿Qué relación existía entre la veneración de una divinidad femenina y la vida de las mujeres reales? ¿Qué queda de una diosa cuando desaparecen el templo, el cuerpo de la estatua y las voces de quienes la invocaron?

La cabeza emerge de la oscuridad de los tiempos tan fragmentada como su historia. Me recuerda que investigar el pasado no exige reconstruirlo por completo. A veces, simplemente, basta con reconocer sus fragmentos.

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